Jugaba con la sabana de la cama sin hacer caso a su comida,
sentía algo extraño dentro de él sin saber nada acerca del doctor Kaulitz, lo
más raro aún era lo que había pasado horas antes con Flor.
Flashback:
Una voz irreconocible oía a lo lejos de él, sabía que
era alguien malo, que era él. Caminaba a pasos lentos por un bosque obscuro,
tratando de hallar la salida, sus piernas no hacían caso a lo que él mandaba,
no podía acelerar el paso, se sentía aprisionado, sin salida. Pronto los
susurros se volvieron más cercanos, como si esa persona estuviera tras de
él sonriendo triunfal ante la frustración del pelinegro. Apretaba los
nudillos, hacia todo por caminar a una velocidad mayor pero no lo lograba, la
obscuridad invadida por aquella zona cegaba completo su vista, sabía que lo
atraparía, después de tanto, lo haría.
Como si fuera magia, sus piernas comenzaron a responder a sus
mandatos, comenzó a correr esquivando los troncos que habían entre el pasto,
sonreía al ver que no lo atraparía, esperaba terminar aquel camino obscuro y
llegar a la salida.
Cuando pensaba que todo estaba bien, su mirada y la de él
chocaron, sabía lo que estaba pensando, David por fin se desharía de él.
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Abrió los ojos de sobremanera, con la boca entreabierta
respirando repetidas veces, volteo a todos lados sin reconocer el lugar al
momento, se recargo de la cabecera con miedo, de nuevo esa pesadilla, él invadiendo
sus sueños.
Pronto después su respiración se controlo haciendo lo mismo
con él, lo único bueno de esto es que su padrastro no estaba ahí para hacerle
la vida un infierno, como lo era antes.
Escucho como el pomo de la puerta era abierto, en su mente
rogara que fuera Thomas, que lo tranquilizara con solo mirarlo, que lo abrazara
y le curara todas las heridas internas que tenía, porque sabía que él aun que
no supiera nada, con solo estar ahí lo ayudaba. Su decepción al saber que no
era él fue mucha, se noto en sus facciones al mirar como Flor se adentraba a
aquella habitación con un tazón de leche en sus manos.
-Billy –sonrió ella caminando a pasos lentos, Bill la miro de
arriba abajo deteniéndose en su cara, estaba envejeciendo y tenía uno que otro
cabello blanquecino –te he traído un vaso de leche –sonrió dulcemente
sentándose aún lado del pelinegro, él ni se inmuto de darle más espacio
-¿Desde cuándo trabajas en este lugar? –pregunto ignorando el
vaso que ella le extendía
-Tiene bastante tiempo ya, tenía unos 29 años - suspiro con
cansancio, reconoció esa mirada pérdida del menor-
-¿Por qué lo haces?, ¿No te has aburrido al saber que has
perdido la mitad de tu vida en este sitio? Donde no puedes salir, excepto los
fines de semana, donde tienes que cuidar a personas que están locas… no lo
entiendo –contesto sin mirarla
-« A veces, es mejor estar aquí, dando mis servicios a otros
que estando en casa, llorando por lo que veo a mi alrededor»- dijo para sí
misma- Porque es mi trabajo y es el único que puedo tener a esta edad –susurro,
no le contaría a él su vida, nadie más sabría cómo era humillada día con día al
estar en casa con un hombre que más que una esposa, la trataba como esclava
-sigo sin entender, la verdad. Tú que tienes una vida allá
afuera y lo desperdicias aquí –la miro con pena- había olvidado por completo el
tema de Thomas, pero en ese instante él volvió a su mente- ¿y... El
doctor Thomas? –tomo el vaso dispuesto a darle un sorbo, la comida era
desagradable, pero a base de los años ya se había acostumbrado
-¿Qué dices? –entre abrió la boca sin creer aquello, se
sentía herida ante tales palabras. Enojo desbordo por su cuerpo haciéndola
enfurecer- un loco no me dirá que está bien o que está mal, no me dirá como
vivir mi vida. Y Thomas… El se ha ido del hospital –sonrió de lado
-¿Qué?... –la primera reacción del pelinegro al oír las
palabras de Flor, fueron frustración, dolor y enojo, ella siempre había sido
una madre para él, ¿Qué había ocurrido con ella? Pero después, todo se le
olvido al oír como de los labios de ella decía que Thomas se había ido, algo
dentro de él crujió, sin saber cómo tomar aquello, su labio inferior tembló,
¿qué aria ahora? Él era el único que lo protegía
-Lo que oíste, y la verdad no sé por qué te interesa tanto,
él fue quien te drogo y casi te mata-dicho eso salió de la habitación a paso
rápido, Bill parpadeo procesando lo ultimo
-¿Él… Intento drogarme? - se pregunto en voz alta sin creer
sus palabras
El padre de Thomas mantenía los ojos fuertemente cerrados
masajeando su cien, desde lejos se podía ver lo furioso que estaba.
-¿No has aprendido nada de mí, cierto? ¿Cuántas veces te he
dicho como te comportes, como tienes que trabaja? –Se estiro mirando a su hijo
– no entiendo que habrás hecho para que te hayan corrido del trabajo –bufo con
enojo
-Ya, entiendo… -susurro con la mirada baja. Odiaba que su
padre lo tratara así, sin un poco de afecto, de cariño. No sabía que todo lo
hizo por Bill, solo por él, nadie podría entenderlo nunca
-No, no entiendes Thomas –cero los ojos tratando de relajarse-
no puedo creer que ni medio año dures en un trabajo –se quejo mirando a su hijo
sin emitir palabra alguna
-Ya te he dicho que lo siento –dijo frustrado alzando
el volumen, cosa que nuca había hecho hasta ahora
-No me retes, vete a buscar un nuevo empleo que yo no te daré
asilo en mi casa, no a un vago como tú-emitió con enojo en su voz
-No soy ningún vago, no soy como tú, un estafador que humilla
a mi madre cada vez que puede-grito levantándose del asiento, no escucho nada
más después de la bofetada que su padre le dio
-Yo soy tu padre, a mi no me insultas así –contesto también
levantado de la silla. El de trenzas sonreía sobándose el golpe
-Enfermo, eso eres –dijo para después darse la vuelta y salir
de ahí- no te necesito a ti ni a nadie para estar bien «solo a Bill» dijo su
conciencia
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Franklin se encontraba sentado dentro de su oficina con una
taza de café sobre la mesa y un cigarrillo entre los dedos, algo estaba mal en
las cuentas, no era normal que hubiera tantas pérdidas, todo se estaba yendo al
carajo, decía él.
-¿Qué está pasando? –emitió con frustración, algo estaba
detrás de esto, ¿pero quién? No lo sabía.
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