11:45 pm y el pelinegro seguía vagando en el
hospital, sentía la adrenalina correr por su cuerpo y consigo un poco de miedo.
Cada vez que se topaba con algún guardia de seguridad se agachaba un poco
para que le perdieran la huella. Abrió la puerta del baño con suma delicadeza
encontrándose a un oficial durmiendo, estudio el recinto con cuidado, jamás
había entrado a estos baños puesto que en su habitación tenía el suyo
propio. El baño contaba con pequeños cubículos, toda la zona era color
beige, el espejo ancho y rectangular con jabón para manos. –«Debo salir de
aquí» – afirmo en sus pensamientos, pero no sabía cómo o qué hacer
para no llamar la atención con su ropa de interno y entonces supo qué hacer.
7:00 am y el chico no había descansado en todo este
lapso, su afán de salir de aquel psiquiátrico era más fuerte que sus ganas de
dormir.
Siguió vagando por el hospital a paso firme, para su buena
suerte no había ninguna otra persona de seguridad, de la limpieza o alguna
enfermera. Un incognito se le formo en la cabeza al llegar a la planta baja,
miles de hombres y mujeres con su mismo atuendo estaban recostados o
jugando. « ¿Por qué yo no sabía de esto?, ¿Por qué a mí
nunca me trajeron a este lugar a convivir con los demás aunque estuvieran
locos?» –se preguntaba El pelinegro mirando a su alrededor.
Chicos y chicas jóvenes en pequeños grupos mirando el
televisor sin ponerle atención debido a que se encontraban en su 'mundo' donde
la realidad no existía.
Bill camino entre ellos con miles de preguntas abordando su mente, el piso de azulejo le hacía resbalarse de momento al no ver por donde caminaba, su atención la tenían ellos.
Bill camino entre ellos con miles de preguntas abordando su mente, el piso de azulejo le hacía resbalarse de momento al no ver por donde caminaba, su atención la tenían ellos.
Narra Bill.
Cuando llegue a la primera planta todo en mi se fue
convirtiendo en una sensación que no pude reconocer, el hecho que estuvieran
aquí a los enfermos era algo extraño; recuerdo cuando uno de los doctores
barbones me había dicho días después de mi llegada que por mi ya nadie podía
descansar en la planta baja. ¿Qué está sucediendo?
Al ver el gran salón donde los internos se encontraban
‘disfrutando’ o algo parecido; yo no pude más que confundirme, ¿Por qué me
mienten?, ¿Por qué me impiden esta libertad?
Camine un poco más con las cejas encorvadas, no
comprendía tantas cosas. Fui al fondo del salón y sonreí más cómodo
reconociendo al viejo inteligente, creo que era matemático o algo parecido.
Hans, recuerdo su nombre.
Narrador normal.
Todo era extraño, ¿Por qué en todo este tiempo el pelinegro
no supo de esto?
El ambiente se torno un poco más cálido al ver al viejo Hans
sentado frente a un juego de ajedrez que ni siquiera tocaba pero ahí
estaba. El chico de cabellos negros continuo su camino hasta encontrar la
puerta principal, una sonrisa triunfal estaba en su rostro, lo estaba
consiguiendo.
(****)
Las luces rojas del recinto se encendieron provocando en
ellas una luz rojiza junto con un sonido de alerta seguida de un anuncio dicho
por una voz femenina: ‘Paciente extraviado’ decía continuamente a través de la
bocina y el interno supo que hablaban de él.
(***)
No supo cómo había llegado hasta el patio delantero sin ser
reconocido pero solo faltaba un paso más estar libre, ya no le importaría
demostrar si estaba loco o no, la libertad estaba a tan solo pocos metros de
él.
– ¿Tú qué haces aquí?– pregunto una voz ronca
detrás de él, sintió como su cuerpo se adormecía ante ser descubierto
–Yo…– no supo cómo continuar, se dio la vuelta quedando
frente a aquella persona, era un hombre maduro con ropas rotas llenas de pasto
y un gorro de paja
– ¡Tú! Tú eres quien se ha escapado– recrimino señalándolo
con su dedo índice. El miedo invadió el cuerpo del chico asustándolo un poco
más, sus ansias de salir llegaron rápidamente a él, lucharía por salir. – ¡Si
eres tú!– sentencio acercándose a él, lo llevaría con los doctores y seria
premiado
–No se acerque– habló con un nudo en la garganta viendo los
movimientos repentinos del señor frente a él, no supo cómo, no supo con qué, no
supo cuándo pero en ese inesperado momento por conseguir la libertad tomo al
viejo de los hombros aventándolo hacia atrás, este con los años que tenía no
constato aquello y cayó al piso contra el pasto y pequeñas piedras sintiendo la
mirada de Bill posada en él
Se acerco al cuerpo inconsciente, no sabía que golpeaba tan
duro pero supuso que la adrenalina del momento fue quien había causado aquello.
Con dificultad tomo del hombre con los brazos escondiéndolo detrás de los
arbustos, quito su ropa visible: camisa de cuadros rojos, pantalón negro y
zapatos del mismo color, con esa ropa pasaría desapercibido.
(****)
El pelinegro con los nudillos fuertemente cerrados salía del
psiquiátrico, caminaba tratando de no atrapar las miradas de la gente afuera
del lugar, miraba atento cada calle sin saber a dónde ir, opto por ir hacia la
esquina para darse paso en la avenida. Al término de una calle volteo hacia el
lado contrario ladeando la cabeza, su mirada choco contra la de alguien que lo
conocía perfectamente, alguien que sabía que era él.
(……)
—deberías de darme las gracias no verme así— hablo el viejo
mirando a su hijo con las cejas fruncidas
—Pues gracias— contesto sin ganas.
Y ahí se encontraba Thomas Trumper en la oficina de su padre
que lo había llamado hace tan solo unos minutos para cobrarle la
"noticia", Thomas iba a ser aceptado nuevamente en el psiquiátrico.
—No era lo que esperaba pero es un agradecimiento— contesto
no tan conforme —eso es todo, puedes retirarte
—Gracias padre— asintió con una sonrisa de lado dándole la
espalda a su padre para regresar a su apartamento
—Franklin te aceptara desde mañana a las 8:00 am, se
puntual—hablo cuando Thomas abría la puerta del consultorio, asintiendo al
oírlo.
Debía de madrugar mucho, mañana no podría circular con su
hermoso carro, pero ahora lo que importaba era que al fin tenía trabajo,
gracias a los contactos de su padre.
(******)
Sonó el despertador, esa música tan aburrida y desesperante,
supo que era día de ir al trabajo nuevamente.
El trenzado se levando de su sitio yendo a preparar la ducha,
busco su ropa para ese día y fue al baño. El terminar desayuno un par de huevos
frutos listo para ir al trabajo.
Iodos a ir en transporte público, odiaba el tráfico, los
susurros de las personas al hablar pero se tenía que aguantar, así era la vida
¿no?
Bajo del microbús mirando a ambos lados de la carretera para
cruzar, ya estaba cerca del hospital, podía botarlo, cruzo la última avenida
apresurándose, el Sol ya estaba saliendo por completo, aumento el ritmo de sus
pues faltando una cuadra para su destino y en ese momento al mirar frente a él
pudo ver ese rostro que tanto conocía, supo que él también lo había visto
porque su cuerpo se había quedado estático. Los segundos se volvían minutos
para Thomas, no podía creer que aquel chico tan bello estuviera ahí, afuera del
psiquiátrico, volteo la vista hacia el lado contrario de Bill mirando a varias
personas de seguridad -incluida doctores- caminando con prisa, sabía que iban
en búsqueda del chico, no sabía qué hacer, estaban demasiado cerca de ambos.
— ¡Bill!— fue lo único que pudo decir, los hombres
uniformados y el nombrado voltearon a verlo, el pelinegro corrió hacia el lado
contrario, lejos de Thomas. Este a su vez corrió a alcanzarlo, no sabía que
pasaba sólo que Bill estaba en problemas y él lo ayudaría.
Los policías y el de trenzas corrieron con el mismo objetivo:
atrapar al chico.
El de cabello azabache corrió hacia la carretera sin mirar si
un auto se acercase o no.
— ¡Chico!— grito un hombre desde un auto negro frente a él
con la cabeza debajo de la ventanilla de su carro —fíjate dónde vas— término de
decir, mirando al susodicho con negación, y entonces Thomas lo atrapo por la
espalda con sus brazos, sabía que era él, conocía sus brazos.
(........)
—Estas a salvó— hablo el mayor acercándose a la mesa con un
par de ropas limpias, sabían que le quedarían grandes pero era mil veces mejor
que lo que traía puesto.
No tenía mucho que habían llegada a casa, de igual forma no
habían dicho palabra alguna.
Bill comía sopa instantánea, ya había olvidado cómo eran.
— ¿Qué fue lo que paso?— pregunto refiriéndose a pide hace
unas horas, el pelinegro trato de ignorarlo, sabía a qué se refería
—Billy...
—Lo siento, yo solo.... Sólo quería ser libre— se justifico
ocultando su mirada en el plato de sopa
—Yo eso lo sé, ahora estas a salvó— sonrió débilmente
— ¿A salvó? ¿Dónde estuviste todo este tiempo? —reprocho
mirándolo fijamente— me han dicho que me drogaste, me hiciste daño, creí
importarte más—siguió quejándose
—No quise acerté daño, nunca lo haría, es sólo que...— no
sabía que contestar, en este momento nada estaba de su parte. Se acerco más a
él, lo tomo del brazo sin esfuerzo alguno, ya erguidos lo tomo entre sus brazos
abrazándolo fuertemente —jamás te haría daño, jamás— recalco apretando al
pelinegro un poco más, dejándose llevar.
(.......)
David sonría, sentado frente a su escritorio -donde pasaba la
mayor parte del día- revisaba las facturas de sus miles de negocios
empresariales, gracias a la madre ya difunta de Bill, todo esto era suyo, suyo
nunca lo compartiría con nadie, ni con Citlaly ni otra mujer, todo era
suyo y lo seria por siempre.
El sonido de la puerta llamar lo desconcertó, —adelante— se
escucho decir.
—Buenas noches, Señor Jost— saludo con temor el doctor
Franklin
—Que sorpresa "doctor"— sonrió dominante — ¿y esta
visita?
—Bueno, pasó algo en el hospital y es mejor que lo sepa por
mi y en persona— lo miro para después bajar su mirada
—Explicare que no te entiendo— se quejo el otro
—Bill. Él ha escapado—respondió mirando al de enfrente
apretar sus nudillos con rabia
0 comentarios:
Publicar un comentario