lunes, 26 de agosto de 2013

Ilusón - capitulo 27º

Publicado por KerthyLigth en 12:53
11:45 pm y el pelinegro seguía vagando en el hospital, sentía la adrenalina correr por su cuerpo y consigo un poco de miedo. Cada vez que se topaba con algún guardia de seguridad  se agachaba un poco para que le perdieran la huella. Abrió la puerta del baño con suma delicadeza encontrándose a un oficial durmiendo, estudio el recinto con cuidado, jamás había entrado a estos baños puesto que en su habitación tenía el suyo  propio.  El baño contaba con pequeños cubículos, toda la zona era color beige, el espejo ancho y rectangular con jabón para manos. –«Debo salir de aquí» – afirmo en sus pensamientos, pero no sabía cómo o qué  hacer para no llamar la atención con su ropa de interno y entonces supo qué hacer.
7:00 am y el chico no había descansado en todo este lapso, su afán de salir de aquel psiquiátrico era más fuerte que sus ganas de dormir.
Siguió vagando por el hospital a paso firme, para su buena suerte no había ninguna otra persona de seguridad, de la limpieza o alguna enfermera. Un incognito se le formo en la cabeza al llegar a la planta baja, miles de hombres y mujeres con su mismo atuendo estaban recostados o jugando.   « ¿Por qué yo no sabía de esto?, ¿Por qué a mí nunca me trajeron a este lugar a convivir con los demás aunque estuvieran locos?» –se preguntaba El pelinegro mirando a su alrededor.
Chicos y chicas jóvenes en pequeños grupos mirando el televisor sin ponerle atención debido a que se encontraban en su 'mundo' donde la realidad no existía.
Bill camino entre ellos con miles de preguntas abordando su mente, el piso de azulejo le hacía resbalarse de momento al no ver por donde caminaba, su atención la tenían ellos.
Narra Bill.
Cuando llegue a la primera planta todo en mi se fue convirtiendo en una sensación que no pude reconocer, el hecho que estuvieran aquí a los enfermos era algo extraño; recuerdo cuando uno de los doctores barbones me había dicho días después de mi llegada que por mi ya nadie podía descansar en la planta baja. ¿Qué está sucediendo?
Al ver el gran salón donde los internos se encontraban ‘disfrutando’ o algo parecido; yo no pude más que confundirme, ¿Por qué me mienten?, ¿Por qué me impiden esta libertad?
Camine un poco más con las cejas  encorvadas, no comprendía tantas cosas. Fui al fondo del salón y sonreí más cómodo reconociendo al viejo inteligente, creo que era matemático o algo parecido. Hans, recuerdo su nombre.
Narrador normal.
Todo era extraño, ¿Por qué en todo este tiempo el pelinegro no supo de esto?
El ambiente se torno un poco más cálido al ver al viejo Hans sentado frente a un juego de ajedrez que ni siquiera tocaba pero ahí estaba.  El chico de cabellos negros continuo su camino hasta encontrar la puerta principal, una sonrisa triunfal estaba en su rostro, lo estaba consiguiendo.
(****)         
Las luces rojas del recinto se encendieron provocando en ellas una luz rojiza junto con un sonido de alerta seguida de un anuncio dicho por una voz femenina: ‘Paciente extraviado’ decía continuamente a través de la bocina y el interno supo que hablaban de él.
(***)
No supo cómo había llegado hasta el patio delantero sin ser reconocido pero solo faltaba un paso más estar libre, ya no le importaría demostrar si estaba loco o no, la libertad estaba a tan solo pocos metros de él.
– ¿Tú qué  haces aquí?–  pregunto una voz ronca detrás de él, sintió como su cuerpo se adormecía ante ser descubierto
–Yo…– no supo cómo continuar, se dio la vuelta quedando frente a aquella persona, era un hombre maduro con ropas rotas llenas de pasto y un gorro de paja
– ¡Tú! Tú eres quien se ha escapado– recrimino señalándolo con su dedo índice. El miedo invadió el cuerpo del chico asustándolo un poco más, sus ansias de salir llegaron rápidamente a él, lucharía por salir. – ¡Si eres tú!– sentencio acercándose a él, lo llevaría con los doctores y seria premiado
–No se acerque– habló con un nudo en la garganta viendo los movimientos repentinos del señor frente a él, no supo cómo, no supo con qué, no supo cuándo pero en ese inesperado momento por conseguir la libertad tomo al viejo de los hombros aventándolo hacia atrás, este con los años que tenía no constato aquello y cayó al piso contra el pasto y pequeñas piedras sintiendo la mirada de Bill posada en él
Se acerco al cuerpo inconsciente, no sabía que golpeaba tan duro pero supuso que la adrenalina del momento fue quien había causado aquello. Con dificultad tomo del hombre con los brazos escondiéndolo detrás de los arbustos, quito su ropa visible: camisa de cuadros rojos, pantalón negro y zapatos del mismo color, con esa ropa pasaría desapercibido.
(****)
El pelinegro con los nudillos fuertemente cerrados salía del psiquiátrico, caminaba tratando de no atrapar las miradas de la gente afuera del lugar, miraba atento cada calle sin saber a dónde ir, opto por ir hacia la esquina para darse paso en la avenida. Al término de una calle volteo hacia el lado contrario ladeando la cabeza, su mirada choco contra la de alguien que lo conocía perfectamente, alguien que sabía que era él.
(……)
—deberías de darme las gracias no verme así— hablo el viejo mirando a su hijo con las cejas fruncidas 
—Pues gracias— contesto sin ganas.
Y ahí se encontraba Thomas Trumper en la oficina de su padre que lo había llamado hace tan solo unos minutos para cobrarle la "noticia", Thomas iba a ser aceptado nuevamente en el psiquiátrico.
—No era lo que esperaba pero es un agradecimiento— contesto no tan conforme —eso es todo, puedes retirarte
—Gracias padre— asintió con una sonrisa de lado dándole la espalda a su padre para regresar a su apartamento 
—Franklin te aceptara desde mañana a las 8:00 am, se puntual—hablo cuando Thomas abría la puerta del consultorio, asintiendo al oírlo. 
Debía de madrugar mucho, mañana no podría circular con su hermoso carro, pero ahora lo que importaba era que al fin tenía trabajo, gracias a los contactos de su padre.
(******)
Sonó el despertador, esa música tan aburrida y desesperante, supo que era día de ir al trabajo nuevamente.
El trenzado se levando de su sitio yendo a preparar la ducha, busco su ropa para ese día y fue al baño. El terminar desayuno un par de huevos frutos listo para ir al trabajo.
Iodos a ir en transporte público, odiaba el tráfico, los susurros de las personas al hablar pero se tenía que aguantar, así era la vida ¿no?
Bajo del microbús mirando a ambos lados de la carretera para cruzar, ya estaba cerca del hospital, podía botarlo, cruzo la última avenida apresurándose, el Sol ya estaba saliendo por completo, aumento el ritmo de sus pues faltando una cuadra para su destino y en ese momento al mirar frente a él pudo ver ese rostro que tanto conocía, supo que él también lo había visto porque su cuerpo se había quedado estático. Los segundos se volvían minutos para Thomas, no podía creer que aquel chico tan bello estuviera ahí, afuera del psiquiátrico, volteo la vista hacia el lado contrario de Bill mirando a varias personas de seguridad -incluida doctores- caminando con prisa, sabía que iban en búsqueda del chico, no sabía qué hacer, estaban demasiado cerca de ambos.
— ¡Bill!— fue lo único que pudo decir, los hombres uniformados y el nombrado voltearon a verlo, el pelinegro corrió hacia el lado contrario, lejos de Thomas. Este a su vez corrió a alcanzarlo, no sabía que pasaba sólo que Bill estaba en problemas y él lo ayudaría.
Los policías y el de trenzas corrieron con el mismo objetivo: atrapar al chico.
El de cabello azabache corrió hacia la carretera sin mirar si un auto se acercase o no.
— ¡Chico!— grito un hombre desde un auto negro frente a él con la cabeza debajo de la ventanilla de su carro —fíjate dónde vas— término de decir, mirando al susodicho con negación, y entonces Thomas lo atrapo por la espalda con sus brazos, sabía que era él, conocía sus brazos.
(........)
—Estas a salvó— hablo el mayor acercándose a la mesa con un par de ropas limpias, sabían que le quedarían grandes pero era mil veces mejor que lo que traía puesto.

No tenía mucho que habían llegada a casa, de igual forma no habían dicho palabra alguna.
Bill comía sopa instantánea, ya había olvidado cómo eran.
— ¿Qué fue lo que paso?— pregunto refiriéndose a pide hace unas horas, el pelinegro trato de ignorarlo, sabía a qué se refería —Billy... 
—Lo siento, yo solo.... Sólo quería ser libre— se justifico ocultando su mirada en el plato de sopa
—Yo eso lo sé, ahora estas a salvó— sonrió débilmente
— ¿A salvó? ¿Dónde estuviste todo este tiempo? —reprocho mirándolo fijamente— me han dicho que me drogaste, me hiciste daño, creí importarte más—siguió quejándose 
—No quise acerté daño, nunca lo haría, es sólo que...— no sabía que contestar, en este momento nada estaba de su parte. Se acerco más a él, lo tomo del brazo sin esfuerzo alguno, ya erguidos lo tomo entre sus brazos abrazándolo fuertemente —jamás te haría daño, jamás— recalco apretando al pelinegro un poco más, dejándose llevar.
(.......)
David sonría, sentado frente a su escritorio -donde pasaba la mayor parte del día- revisaba las facturas de sus miles de negocios empresariales, gracias a la madre ya difunta de Bill, todo esto era suyo, suyo  nunca lo compartiría con nadie, ni con Citlaly ni otra mujer, todo era suyo y  lo seria por siempre.
El sonido de la puerta llamar lo desconcertó, —adelante— se escucho decir. 
—Buenas noches, Señor Jost— saludo con temor el doctor Franklin
—Que sorpresa "doctor"— sonrió dominante — ¿y esta visita?
—Bueno, pasó algo en el hospital y es mejor que lo sepa por mi y en persona— lo miro para después bajar su mirada
—Explicare que no te entiendo— se quejo el otro 
—Bill. Él ha escapado—respondió  mirando al de enfrente apretar sus nudillos con rabia


0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Template by Ipietoon Blogger Template | Gift Idea